Tesis: La obsesión
por la esbeltez ha llevado a miles de jóvenes colombianas a caer
presas de la anorexia y la bulimia. Una enfermedad que afecta a princesas
y a proletarias.
Introducción: Si
Alberto Giacometti, el famoso escultor suizo de principios de siglo XX, se
asomara por nuestro país y descubriera que se impuso su concepción de la figura
humana, en formas altas y tan delgadas que parecen siempre a punto de
desaparecer, se aterraría. Y no solo porque la vida termine imitando al arte,
sino por la absurda razón que se esconde tras esta concepción. Que no es una
abstracción artística, como en el caso de las esbeltas esculturas de
Giacometti, sino el dictado de un perverso estereotipo cultural y consumista.
El de la belleza, las pasarelas, las cirugías y la moda, que hace presa en
jóvenes adolescentes.
Desarrollo: Casos
recientes y tan dolorosos como el de Terri Schiavo, que murió a los 41 años
luego de pasar 15 en cama como un vegetal, o de la hermosa modelo antioqueña
Valentina Fernández, que no cumplió los 22, encendieron del todo las alarmas. Y
es que, en Colombia, los pocos estudios que se han hecho respecto al tema de
los llamados trastornos de la conducta alimentaria (TCA) arrojaron el
preocupante dato de que nuestros índices de mujeres jóvenes entre los 14 y los
22 años, de estratos medio alto y alto, que los padecen, son significativamente
mayores que los de los países desarrollados. Solo en Medellín, según un estudio
de la Universidad de Antioquia, el porcentaje de niñas que padecen esta
enfermedad es tres veces superior a la media del mundo, que ha visto "desfilar"
bellezas anoréxicas como la modelo Kate Moss, Lady Di, la reina Victoria de
Suecia o Letizia, la próxima reina de España, quien a pesar de negarlo guarda
un figura en exceso escuálida.
Los TCA son
enfermedades en las que el paciente tiene de sí mismo una imagen corporal
negativa, se obsesiona por el peso y convierte en epicentro de su vida la
adquisición de una silueta a tono con sus delirios. A este grupo pertenece la
anorexia nerviosa (AN), la bulimia nerviosa (BN) y los trastornos de la
conducta alimentaria no especificados (NOES). El estudio en Antioquia, liderado
por la psiquiatra Lucrecia Ramírez, esposa del alcalde de Medellín, encuestó a
972 colegialas de secundaria y encontró que al 77 por ciento de ellas les
aterra la idea de ganar peso; el 41 por ciento padece de hartazgo; el 33 por
ciento se siente culpable después de comer; el 16 por ciento siente que la
comida controla su vida, y el 8 por ciento se induce a vomitarla. He ahí la
dimensión del problema.
¿Qué ha ocurrido en
un sector de la sociedad para que la obsesión por la belleza amenace la vida de
las jóvenes? ¿Quién impulsa en las mentes maleables de los adolescentes que una
figura casi esquelética, similar a la de las modelos de pasarelas europeas, es
sinónimo de felicidad y exitoso proyecto de vida? Varios factores favorecen
esta enfermiza tendencia. Para empezar, los paradigmas estéticos que divulgan
muchos medios de comunicación, que equiparan la delgadez extrema con elegancia
y hermosura, lo que fuerza en las jóvenes un patrón para imitar.
También las agencias
de modelaje y los concursos de belleza se encargan de apuntalar estos patrones,
al desechar a las candidatas que superen ciertas tallas. Ninguno de estos
"jueces" -revistas, agencias y concursos- se detiene a pensar en las
consecuencias sociales de sus pautas de belleza femenina. A todo lo anterior se
suma una floreciente industria, la de los centros de estética, que operan sin
control en el país y apoyan los nefastos estereotipos con cirugías a menudo
cuestionables, al tiempo que comercializan peligrosos fármacos supuestamente
adelgazantes. Terri Schiavo y Valentina Fernández son dos ejemplos lamentables
de los extremos a los que puede conducir la obsesión por el perfil.
Parte de la
responsabilidad debe atribuirse a quienes crean los paradigmas y a quienes
ofrecen maneras artificiales de alcanzarlos. Pero también cabe preguntarse qué
están haciendo los padres de familia frente al problema y con qué armas cuenta
la sociedad para educar a las jóvenes respecto de un mal que ha dejado de ser
asunto de niñas bonitas de alta sociedad y se extiende por todas las clases.
La muerte de
Valentina hizo que algunos medios de comunicación reaccionaran y recientemente
Colombia Moda anunció que no aceptará niñas enfermas en sus pasarelas.
Saludable actitud, pero no basta con ello. Quienes manejan el mundo de la
pasarela deben entender que los TCA son enfermedades de nefastas consecuencias
en las vidas de quienes las contraen. Y es preciso, además, que las autoridades
de la salud tomen cartas con campañas educativas sobre un problema que adquiere
contornos sociales cada vez más preocupantes.
Conclusión: En
el fondo, como en casi todo, se trata de un problema educativo. Hace falta
repetir que no existe un solo ideal de belleza humana. Que, como lo demuestra
la historia del arte, la belleza física está presente en una amplia gama de
figuras y perfiles. Tan atractiva puede ser una pálida y alta rubia boreal como
una mulata rellenita y vivaracha.
La hermosura exterior
es apenas una parte, a veces la menos importante, del ser humano. Hay muchos
otros rasgos fundamentales para triunfar en la vida, para la felicidad personal
y para el éxito social, que no dependen de la balanza de pesos. Como escribió
Henry David Thoreau, aquel hombre que una vez se refugió en los bosques para
buscar su propio ser: "La belleza no está aquí ni allá, ni en Roma ni en
Atenas, sino dondequiera que encontremos un espíritu admirable".